domingo, 12 de febrero de 2017

El Príncipe de Maquiavelo

Introducción

La "política" es una actividad fundamental, para el desarrollo pleno del potencial humano, la organización pública de la ciudad, región o nación a fin de garantizar las condiciones que posibiliten la realización humana.  Lamentablemente, en nuestros países latinoamericanos, se percibe de manera notoria, la crisis de nuestra clase política, cuya infames consecuencias padecemos a diario,  los políticos seducidos por el ideal capitalista de felicidad, es decir, "la acumulación de riquezas" no por su propio esfuerzo, sino por la vía fácil de la corrupción. Se evidencia que el interés oculto de nuestros políticos, es ocupar un cargo político, para velar únicamente por sus propios intereses, en desmedro de los intereses de sus representados... El modelo democrático de "división de poderes" que surgió contra las monarquías absolutas del siglo XVIII , muestra su ineficacia y sometimiento frente a las empresas transnacionales capitalistas, cuyo poder económico se impone en los diversos poderes judicial, legislativo y ejecutivo, el modelo neoliberal, que disminuye el papel del estado para ampliar el poder de las empresas transnacionales... El escenario es de una crisis aguda, que nos muestra que es necesario un "cambio" en nuestras formas de concebir la "política" , devolverle su dignidad.

¿Por qué es importante leer a Maquiavelo?
Maquiavelo nos ayudará a comprender el escenario real de la política, a pesar de las diferencias entre el contexto de un príncipe del siglo XVI, y un político del siglo XXI, Maquiavelo entiende el poder político como algo que puede obtenerse y que debe conservarse por cualquier medio, reduciendo la política solo a su adquisición y conservación, y haciendo caso omiso al uso legitimo del poder político. Las actuales democracias, donde el poder se obtiene, mediante elecciones, generan una situación similar donde los políticos para ser elegidos como representantes buscan adquirir y conservar el poder por cualquier medio. Maquiavelo sostiene que la lucha política se mueve en un escenario donde toda acción es posible, por ello, el Príncipe se mueve en un escenario de acción estratégica, y debe ver en los otros, un potencial enemigo, capaz de todo para obtener y conservar el poder. 


EL PRÍNCIPE DE MAQUIAVELO
¿Una transmutación de valores en la praxis política?


Mirko Díaz

“Mi recreación, mi predilección, mi cura de todo platonismo ha sido en todo tiempo Tucídides. Tucídides, y, acaso, el Príncipe de Maquiavelo son los más afines a mí por la voluntad de no dejarse embaucar en nada y de ver la razón en la realidad, -no en la «razón», y menos aún en la «moral».”
 (Nietzsche Friedrich, Crepúsculo de los ídolos)
 
   En el presente trabajo hemos realizado una relectura filosófica del Príncipe de Maquiavelo, nuestra intención ha sido elaborar un marco interpretativo que permita comprender la lógica interna de las principales prescripciones que constituyen la obra el Príncipe. Dicho análisis nos ha permitido establecer un conjunto de coordenadas desde el cual comprender el “juego político” en Maquiavelo. Denominamos “coordenadas del juego político” al conjunto de elementos que configuran un determinado modo de realizar la praxis política en un momento dado de la historia. Consideramos que en el Príncipe de Maquiavelo aparecen de modo intuitivo las coordenadas que configuraron el juego político de la época del Renacimiento y el surgimiento del Estado moderno.  El develar dichas coordenadas nos permitirá situar en su justo lugar la obra el Príncipe de Maquiavelo. Utilizamos la expresión “juego” político  con fines metodológicos, es decir, para situar provisionalmente la praxis política fuera del ámbito moral, considerando que este fue el modo en que Maquiavelo concibió dicha praxis, a pesar de ello consideramos que toda praxis humana y sobre todo la praxis política tiene un sentido ético, aunque dicho sentido ético sea difícil de realizar en su plenitud bajo las circunstancias históricas vigentes.

Las coordenadas del juego político en Maquiavelo
   Nietzsche admira el Príncipe de Maquiavelo porque supo ver la razón en la realidad y no en la “razón” ni en la “moral”; es decir, Maquiavelo no partió de principios metafísicos, ni principios morales para orientar la praxis política, sino que realizó un análisis racional de la praxis política en la historia de su tiempo y del pasado, por ello sus prescripciones son lecciones extraídas de la historia, en dicho análisis racional logró comprender intuitivamente la relación entre los diversos elementos que configuraron el juego político del Renacimiento, plasmando un modelo de toma de decisiones eficaces para la praxis política, según el análisis de circunstancias concretas. El éxito del Príncipe se debe a la eficacia de dicho modelo de toma de decisiones a lo largo de la historia. Pero dicho modelo se configuró a partir de ciertas “coordenadas” que a continuación intentamos explicitar:

   La primera coordenada a definir es el objetivo del juego político según Maquiavelo. Dicho objetivo es la obtención y conservación del poder del Estado, ya sea este una monarquía o una república, la consecución de dichos objetivos traen consigo la obtención de la gloria. Además plantea la unificación de Italia como una tarea histórica exigida por las circunstancias de su tiempo.
   La segunda coordenada a definir es el participante del juego político. En este caso Maquiavelo propone al príncipe nuevo, quien tiene la misión de fundar un Estado, a su vez, debe conocer el arte de la guerra y ser un estratega militar propio del ideal romano.
  La tercera coordenada es la praxis política orientada únicamente según el valor de la eficacia y no según el bien moral. Maquiavelo prescribe que la ejecución y evaluación de la praxis política debe realizarse a partir de criterios pragmáticos y no según criterios morales. Esta prescripción no es una idea inventada por Maquiavelo, sino que expresa la forma como se realizó históricamente la praxis política de los príncipes del pasado. Maquiavelo fue el primero en plantear la sustitución del criterio moral por el criterio pragmático en los discursos políticos del Renacimiento, con ello, se gano un lugar en la historia del pensamiento político occidental. 
   La cuarta coordenada se refiere a la fortuna, es decir, a la contingencia histórica, aquellas circunstancias que no están sujetas a la voluntad del ser humano. Maquiavelo equipara a la fortuna con la mujer, debido a su carácter variable, voluble e inconstante; ésta, a veces, nos es favorable y otras adversa. En otro símil nos dice que la fortuna es como un rio que, a veces, corre por su cauce y otras se desborda. En conclusión con respecto a la fortuna (circunstancias históricas) podemos decir que: a) no depende de nuestra voluntad, b) es variable, voluble e inconstante, y c) puede ser adversa o favorable.
   La quinta coordenada se refiere a la virtù, que es el conjunto de cualidades que permiten al príncipe adecuarse de modo eficaz frente a la fortuna. Una de las principales cualidades de la virtù política según Maquiavelo es la prudencia o previsión que consiste en la capacidad para anticipar las circunstancias favorables y adversas. Dicha anticipación implica un conocimiento de las circunstancias históricas concretas y sus posibles consecuencias. A su vez un príncipe previsor es como un médico que sabe curar a tiempo los males, debe lograr obtener el máximo beneficio de las circunstancias favorables y  minimizar el mal en las circunstancias adversas.
   La sexta coordenada se centra en el análisis de los hombres (ya sean adversarios, súbditos, consejeros, etc.) la previsión nos dice que los hombres tienden por lo general al mal. Ya sea que se piense que dicha opinión expresa una descripción de los hechos o una simple valoración personal, consideramos que somos fieles al pensamiento de Maquiavelo si afirmamos que según su visión antropológica, el mal es una posibilidad de la condición humana. Maquiavelo pretende extraer dicha conclusión de la historia y de su experiencia personal.
   La séptima coordenada se encuentra condicionada por la sexta pues si el escenario del juego político queda fijado por lo que se espera de los otros y sabemos que tenderán al mal, entonces no podemos movernos dentro del ámbito de las leyes, que es lo propio de los hombres, sino que la maldad de los otros exige al príncipe moverse dentro del ámbito de la fuerza, que es lo propio de las bestias. Por ello es necesario que el hombre sepa utilizar dos cualidades de las bestias: la fortaleza del león que le permite vencer a sus enemigos y la astucia de la zorra que le permite mentir y aparentar frente a sus enemigos. Ambas cualidades integran la virtù del príncipe. Por tanto la previsión frente al mal fija el escenario que condiciona la praxis política como acción estratégica.
   La octava coordenada también es condicionada por la sexta, pues, si el mal es un elemento posible de la condición humana, ello implica que el mal es un elemento posible de la praxis política. La previsión ante los enemigos lleva a Maquiavelo a prescribir el uso eficaz del mal según la necesidad; el príncipe debe tener la flexibilidad moral para,  según lo exijan las circunstancias, aprender a usar de modo eficaz el mal. Maquiavelo resuelve el problema del mal incluyendo su uso dentro del juego político. En lo personal considero que toda praxis política debe poseer un sentido ético, pero Maquiavelo sostiene que no son nuestras ideas sino las circunstancias las que definen el “escenario político” donde se deberá realizar una determinada praxis política.  Ahora resumamos la octava coordenada, en un escenario donde solo es posible una acción estratégica, frente a oponentes que pueden hacer uso del mal,  el príncipe debe tener la disponibilidad de ánimo (flexibilidad moral) para determinar cuándo y cómo se debe usar el mal con eficacia, según lo exija la necesidad.
   La novena coordenada es un principio general que sostiene que el príncipe debe obrar según la necesidad histórica. Para hacer frente a las nuevas circunstancias históricas, el príncipe deberá conocer las acciones de los príncipes del pasado, las circunstancias que enfrentaron, su modo de responder frente a dichas circunstancias y sus consecuencias.  Este saber es un elemento de la virtù política del príncipe, en tanto estratega militar y conocedor del arte de la guerra. Por lo tanto,  el obrar según la necesidad histórica implica a) el conocimiento de las acciones de los príncipes del pasado y b) la imitación de sus acciones eficaces. 
 Una vez señaladas el sistema de coordenadas del juego político según el Príncipe de Maquiavelo a continuación explicitamos el modelo de toma de decisiones políticas implícito en su obra:
-       En primer lugar el príncipe debe tener un conocimiento profundo de la circunstancia concreta.
-       En segundo lugar el príncipe realiza un análisis de las posibles opciones para hacer frente a dichas circunstancias y sus consecuencias. 
-       En tercer lugar el príncipe realiza un análisis de circunstancias similares en el pasado.
-       Por último, el príncipe elige una opción eficaz para enfrentar dicha circunstancia que debe estar orientada a lograr el máximo bien o el mínimo mal.

   Por otro lado es necesario explicitar algunos supuestos que hace posible el sistema de coordenadas  y el modelo de toma de decisiones propuesto por Maquiavelo.  a) El supuesto político  consiste en la reducción de los fines de la praxis política a la obtención y conservación del poder. b) El supuesto axiológico asume que la praxis política se debe realizar y evaluar solo desde criterios pragmáticos, negando el carácter eficaz de una praxis política con sentido ético. c) El supuesto antropológico se sustenta en una visión pesimista de la condición humana, es decir, la valoración negativa de los hombres. Y por último, d) el supuesto histórico que legitima su modelo de toma de decisiones políticas, se basa en el supuesto de que las circunstancias futuras son similares a las circunstancias pasadas, esto suponiendo que existen ciertos elementos constantes en la historia que hacen posible que la toma de decisiones basada en la imitación de hechos pasados resulte eficaz.  Consideramos que en este último elemento reside el talón de Aquiles de la obra el Príncipe. Maquiavelo pone énfasis en esos elementos constantes  de la historia pues es consciente que  la validez de su obra está condicionada por dichos elementos; pero existen también en la historia elementos variables, elementos que no pueden ser previstos y que conllevan a circunstancias totalmente nuevas. Es bajo dichas circunstancias que el modelo propuesto por Maquiavelo, de toma de decisiones basadas en la similitud entre las circunstancias pasadas y futuras pierde su vigencia, es decir, no es útil para responder ante circunstancias totalmente novedosas. Así la historia se constituye en el principal crítico de la obra de Maquiavelo, pues es la novedad de las circunstancias históricas el principal argumento contra el sistema de coordenadas descrito por Maquiavelo.
   A mi parecer, eso es lo que ocurre en la actualidad, nos encontramos frente a conjunto de circunstancias totalmente nuevas, nunca antes vistas en la historia, que han configurado nuevas coordenadas del juego político, donde algunas de las coordenadas trazadas por Maquiavelo han perdido su validez debido a la absoluta novedad de los hechos históricos (el desarrollo científico y tecnológico, el incremento del poder bélico, el problema ecológico, etc.) pese a ello, seguimos empecinados en realizar una praxis política según las similitudes del pasado, en vez de obrar, según la novedades del presente; nuestra actitud no es creativa, componente que considero exigen las nuevas circunstancias políticas, nuestra praxis política será ineficiente mientras continúe realizándose sin intentar explicitar y prever las nuevas coordenadas del juego político en el siglo XXI.
   Aún así consideramos que existen en la obra de Maquiavelo algunas “coordenadas constantes” de la praxis política, por ejemplo la comprensión de que la praxis política se produce en el ámbito de la contingencia histórica, es decir, lo que Maquiavelo denominó la fortuna. Otra coordenada constante de la praxis política es la prudencia o previsión, es decir, la capacidad para anticiparse a las circunstancias y poder responder adecuadamente frente a ellas, que se encierra en su idea de la virtù. Por otro lado, considero que las demás coordenadas son variables, pues han cambiado los participantes del juego político, los gobernantes actuales no son príncipes; los fines y objetivos de la política no se reducen a la adquisición y conservación del poder,  sino que dichos fines son cada vez más complejos; la idea de que los hombres tienden hacia el mal por necesidad, nos hace vislumbrar un futuro donde quizá bajo ciertas circunstancias sea más útil  cooperar mutuamente y dejar de competir entre sí, etc.

   Quisiera culminar la presente exposición con la siguientes palabras: Maquiavelo fue un genio, supo plasmar intuitivamente las coordenadas políticas de su época el Renacimiento, y por ello ocupa un lugar preeminente en el pensamiento político moderno, pero si queremos ser fieles a su pensamiento, no cabe exaltar solo sus aciertos, sino también es importante saber apreciar sus limitaciones, y no seguirlo solo en la letra, sino en el espíritu, es decir, comprender la tarea que nos exigen las nuevas circunstancias históricas, intentemos comprender cuáles son las coordenadas del juego político en el siglo XXI y realicemos la virtù política en el sentido maquiavélico, es decir, tengamos la prudencia suficiente para prever los nuevos retos que impone nuestro siglo y actuar según lo exijan las circunstancias.

BIBLIOGRAFÍA

Maquiavelo, Nicolás. (2010)  El Príncipe. Madrid. Alianza Editorial. 3ª edición.
Maquiavelo, Nicolás. (2011) El Príncipe. (Edición Bilingüe) Traducción Helena Puigdoménech. Madrid. Tecnos.
Maquiavelo, Nicolás. (2013) Escritos de Gobierno. Madrid. Tecnos.
Nietzsche, Friedrich. (1973) Crepúsculo de los ídolos. Madrid. Alianza editorial.
Pocock, J.G.A. (2008) El momento maquiavélico. Madrid. Tecnos. 2ª edición.
Sabine, George H. (1998) Historia de la teoría política. Santafé de Bogotá. Fondo de Cultura Económico. 
Strauss, Leo. (1996) Nicolás Maquiavelo. En: Leo Strauss & Joseph Cropsey. (Comp.), Historia de la filosofía política. (pp. 286-304) México D.F. Fondo de Cultura Económica.

Vivanti, Corrado. (2013) Maquiavelo. Barcelona. Paidós. 

E-mail: okrim36@hotmail.com

lunes, 9 de julio de 2012

La mayoría imagina que la filosofía consiste en discutir desde lo alto de una cátedra y profesar cursos sobre textos. Pero lo que no llega a comprender esa gente es la filosofía ininterrumpida que vemos ejercer cada día de manera perfectamente igual a sí misma [...]Sócrates no hacía disponer gradas para los auditores, no se sentaba en una catedra profesoral; no tenía horario fijo para discutir o pasearse con sus discípulos. Pero a veces, bromeando con ellos o bebiendo o yendo a la guerra o al Ágora con ellos, y por último yendo a la prisión o bebiendo veneno, filosofó. Fue el primero en mostrar que, en todo tiempo y en todo lugar, en todo lo que nos sucede y en todo lo que hacemos, la vida cotidiana da la posibilidad de filosofar.

Plutarco, Si la política es asunto de los ancianos. 26, 796 d.
Citado por: HADOT, Pierre. ¿Qué es la filosofía antigua? FCE. México D.F. 1998. p. 51)

domingo, 6 de noviembre de 2011

Reflexiones en torno a la tolerancia.



Advertencia: Las ideas que están expuestas en el presente documento, son una reflexión personal, por ello, no incluí ninguna cita bibliográfica, salvo citar la Biblia para ironizar un poco con respecto al tema, de todas maneras, creo personalmente que es una buena reflexión; por eso la presento aquí en mi blog personal, aunque carezca de "rigor académico", ja.


SUMILLA

El propósito de la ponencia es develar las implicancias que trae consigo el discurso vigente sobre la tolerancia, no como “acción de tolerar lo tolerable”, sino como una “cualidad esencial” que define al individuo, y que hace posible clasificar a los individuos en “tolerantes” e “intolerantes”, además se señalan los peligros de identificar a la tolerancia como una cualidad positiva y por tanto exigible en los ciudadanos del siglo XXI. Se critica la defensa de la tolerancia formal, vacía de contenido. Se plantea reformular la pregunta ¿qué es la tolerancia? hacia una nueva pregunta ¿qué podemos tolerar?, y se plantea el respeto a la dignidad humana como el criterio de demarcación entre lo tolerable y lo intolerable.

* * *

¿Qué es la tolerancia? es la pregunta con lo cual inicio el presente ensayo y que no pienso responder. Ante todo debo señalar el porqué de dicha actitud.

Quisiera iniciar  señalando que “tolerancia” proviene del verbo “tolerar” que es un verbo, y todo verbo expresa una acción, en este caso una acción humana.  Cuando dejamos de utilizar el verbo “tolerar” y empezamos a hablar de “tolerancia”, dicho verbo pasa por un proceso de sustantivación, dicha sustantivación nos muestra que la tolerancia ha dejado de ser una acción humana cualquiera, para convertirse en un atributo o cualidad sustantivada del ser humano. ¿Qué tipo de atributo? ¿accidental o esencial? Eso es lo que vamos a determinar en este momento.

Desde este momento hablar de tolerancia implica hablar de un atributo, el cual los hombres  poseen o carecen. Se dice esa persona “tiene tolerancia” o esa persona “no tiene tolerancia”, pero esto no se queda allí en el discurso cotidiano actual se va más allá, cuando se comete el exceso de definir a las personas a partir de dicho atributo como si fuera una “cualidad esencial de su ser” decimos “él es tolerante” o “él es intolerante”.

Y en la actualidad a través de diversos discursos y prácticas políticas, se busca legitimar dicha actitud, definir a las personas como tolerantes, o como intolerantes. Obviamente el enemigo político es el intolerante.

Y esto no solo queda allí, pues se filtra en esta manera de ver las cosas una afirmación  axiológica y prescriptiva, pues los discursos y prácticas políticas vigentes, no solo hacen de la tolerancia una cualidad esencial de los seres humanos, sino que hacen de ella una cualidad necesaria y exigible, es decir “no basta con poder ser o no tolerante” se supone que “ser tolerante es bueno” y por tanto “debes ser tolerante”.

Y entonces para concluir esta idea, la tolerancia se ha convertido en la actualidad en una cualidad exigible y necesaria en los ciudadanos del siglo XXI, a su vez la tolerancia, es un término que no puede ser cuestionado, pues cuestionar la tolerancia, implica ser intolerante.

Pero esta lógica nos lleva a caer en una trampa axiológica, pues en la actualidad se  identifica la tolerancia con un valor positivo y a la intolerancia como un valor negativo. Y creo personalmente que esta identificación es injustificada. No se puede realizar esa identificación tolerancia-positivo-bueno-exigible e intolerancia-negativo-malo-execrable. Dicha identificación a pesar de parecer necesaria, es arbitraria. Ya que defiende “una tolerancia en abstracto” y no la dota de un contenido. Me explico, según el discurso actual se “debe ser tolerante” pero no se indica ¿qué es lo que se debe tolerar? Es decir, se defiende una tolerancia formal, abstracta, y se la considera una cualidad exigible, necesaria, positiva y buena.

Voy a señalar dos errores que creo se cometen en dicha identificación:

Primero, pensar que la tolerancia es una “cualidad humana esencial” que podamos definir a las personas como tolerantes o intolerantes. Esto es un error, porque toda persona puede ser tolerante en algunas situaciones y puede no ser tolerante en otras situaciones, es decir, no se puede definir una persona por su tolerancia, y es ilegitimo agrupar a unas personas en el bando de los “tolerantes” y a otros en el de los “intolerantes”. En todo caso, esto cabe dentro de la práctica política que para neutralizar al oponente, lo llama  “intolerante”.

Segundo, no se puede defender la tolerancia en abstracto como una cualidad exigible y positiva, debe sobre todo debe dotársela de un contenido concreto y vigente con respecto a una situación determinada. No se es tolerante en abstracto, sino frente a algo concreto. Y eso es de lo que nunca se habla.

* * *

Para salir de la lógica del discurso vigente en la actualidad, propongo salir del análisis del término “tolerancia” como cualidad esencial predicable a un sujeto, y asumir una variante que nos permitirá comprender mejor dicho problemática.

Creo que es necesario reformular la pregunta inicial ¿qué es la tolerancia? de corte socrático, que pregunta por una esencia, y nos lleva a un mayor grado de abstracción-  a otra pregunta que lleva las cosas a un ámbito más concreto y que tiene un sabor kantiano ¿qué puedo tolerar?

Y creo que esta nueva forma de entender las cosas ayuda mucho. Pues, nos sitúa, en la esencia misma de la tolerancia, es decir, en la acción del tolerar. Preguntarse ¿Qué es la tolerancia? resulta un ejercicio teórico interesante, pero no vital. Preguntarse en cambio ¿qué puedo tolerar?, y ¿que no puedo tolerar? nos sitúa en la práctica misma de la tolerancia.

Y ahora para responder esta nueva pregunta ¿Qué puedo tolerar? Es necesario realizar un préstamo al lenguaje epistemológico, es decir, necesito fijar un criterio de demarcación entre lo tolerable o lo intolerable. Solo a partir de  determinar este criterio podremos dotar de contenido a la tolerancia. Por ejemplo: Puedo tolerar que pienses distinto de mí, ya sea en materia política, religiosa, económica, moral, etc.; pero no puedo tolerar, que uses mi cepillo de dientes, o que invadas mi país, o que atentes contra mi integridad física o moral.  
Y así nuestra reflexión ha salido del dualismo que hace legítimo calificar y clasificar a los hombres en tolerantes e intolerantes, para entrar en la determinación de lo tolerable y lo intolerable. Esto nos permite romper esa injustificada identificación entre la tolerancia-lo bueno y la intolerancia-lo malo, porque nos damos cuenta que así como existen cosas que son tolerables, existen otras que no se pueden tolerar, y hasta podría afirmar que existen hechos y situaciones que no deben ser toleradas; y para esos determinados casos, la intolerancia es una cualidad exigible y necesaria. Por ejemplo, no podemos tolerar la explotación del hombre por el hombre, no podemos tolerar la violación de la soberanía de los pueblos, la destrucción de nuestro planeta, etc.

Y no quiero que se me malinterprete no estoy defendiendo la intolerancia y poniéndome en contra de la tolerancia, mi reflexión plantea determinar un criterio  adecuado que nos permita tolerar “lo tolerable” e intolerar “lo intolerable”. Ya que muchas veces el discurso de la tolerancia, sirve para tolerar “lo intolerable”. Las guerras imperialistas, la injusticia social, la corrupción política, etc, son cosas intolerables, cuya tolerancia se promueve  en nuestra sociedad. La tolerancia funciona como una forma de indiferencia que promueve la inacción frente a nuestra problemática social. La sociedad actual se presenta como una sociedad abierta y tolerante, pero sería muy ilustrativo preguntarnos ¿qué es aquello que no puede tolerar nuestra sociedad capitalista?

He planteado determinar un criterio de demarcación entre lo tolerable y lo intolerable, y antes de terminar este discurso, me gustaría plantear un criterio, a modo de hipótesis, pienso que el criterio de demarcación entre lo tolerable y lo intolerable debe determinarse a partir del principio del respeto de la dignidad humana. Dicho en otros términos, se expresaría de la siguiente manera: se puede tolerar todo aquello que no atente contra la dignidad humana, y se debe intolerar todo aquello que atente contra dicha dignidad. Y esto aunque parece algo tan sencillo, en la actual situación es lo más difícil de hacer, pues en nuestro sistema capitalista los hombres tienen precio y no dignidad.

Para terminar la presente reflexión quisiera citar un pasaje bíblico que resulta muy ilustrativo si lo interpretamos desde el punto de vista de lo tolerable: 

   Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén, y halló en el templo vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y cambistas sentados. Hizo un azote de cuerdas, y los echó a todos del Templo con las ovejas y los bueyes, tiró las monedas de los cambistas y volcó las mesas. Y dijo a los vendedores de palomas: “Quitad esto de aquí: no hagáis de la casa de mi Padre un mercado”. (Sn. Jn. II, 13-22)

Este fragmento del evangelio de San Juan, en clave religiosa se interpreta así “el único acto de violencia que el Evangelio presenta en el comportamiento de Jesús sucede en defensa de la dignidad del Templo de Dios”. Pero haciendo una analogía con la época moderna, si Jesús volviera a nacer y viera como el capitalista ha convertido nuestro mundo, la obra de su Padre, en un mercado, no toleraría dicha situación, y esta vez, seria crucificado por los burgueses. Definitivamente Cristo sería tildado de intolerante en el buen sentido burgués del término.



viernes, 23 de abril de 2010

MISERIAS Y ALEGRIAS DE LA VIDA INTELECTUAL

Fue el filósofo ateniense Platón quien en la última parte de su dialogo Fedro, pone en boca de Sócrates un relato mítico donde nos cuenta el origen de las letras o la escritura; las cuales, si hemos de creer el relato mítico, fueron inventadas por el dios egipcio Theuth, inventor además de el número, el cálculo, la geometría, la astronomía, el juego de las damas y de los dados; pero dichos inventos tenían que ser aprobados por el rey de todo Egipto, el rey Thamus, quien habitaba en la ciudad que los griegos denominaban la Tebas egipcia. Platón nos transmite el dialogo que tuvieron el rey Thamus y el dios Theuth con respecto a la utilidad de las letras o la escritura:
Dijo Theuth: Este conocimiento, oh rey, hará más sabios a los egipcios y más memoriosos, pues se ha inventado como un fármaco de la memoria y de la sabiduría. Pero el rey Thamut le respondió: ¡Oh artificiosimo Theuth! A unos les es dado crear arte, a otros juzgar qué de daño o provecho aporta para los que pretenden hacer uso de él. Y ahora tú, precisamente padre que eres de las letras, por apego a ellas, les atribuyes poderes contrarios a los que tienen. Porque es olvido lo que producirán en las almas de quienes aprendan, al descuidar la memoria, ya que, fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos. No es pues, un fármaco de la memoria lo que has hallado, sino un simple recordatorio. Apariencia de sabiduría es lo que proporcionas a tus alumnos que no verdad. Porque habiendo oído muchas cosas sin aprenderlas, parecerá que tienen muchos conocimientos, siendo, al contrario, en la mayoría de los casos, totalmente ignorantes, y difíciles, además de tratar porque han acabado por convertirse en sabios aparentes en lugar de sabios de verdad[1]

Desde que recorrí por primera vez las páginas del Fedro hasta hoy, he llevado en mí la convicción de que aquel mito platónico expresa una especie revelación, una especie de advertencia para toda persona que se dedique a la vida intelectual, el presente texto, deseo expresar ideas que surgen a partir de la lectura de dicho dialogo, y además busco expresar mis aprendizajes y desaprendizajes sobre la vida intelectual.

El mito narrado anteriormente puede resumirse en una frase: “la sabiduría no se puede transmitir a través de los libros”, consideró que todo aquel que pretenda dedicarse seriamente a la vida intelectual, deberá hacer suya esta frase, porque le evitará caer; en primer lugar, en el culto a los libros, propio de algunos intelectuales que piensan que la sabiduría es proporcional a la cantidad de libros que se ha leído o se posee, y decir atrocidades como esta: “Para hablar conmigo por lo menos es necesario que hayas leído 500 libros”. Le evitará el error de llenarse de una cantidad excesiva de libros que nunca ha de leer, porque si somos realistas, y tenemos en cuenta nuestras ocupaciones diarias a lo largo de nuestra vida será fácil advertir el poco tiempo que queda para la lectura, y en realidad ¿cuántos libros hemos leído y comprendido realmente? Por otro lado, no todos los libros nos tocan por igual, la lectura de un libro no es idéntica para todos, leemos un libro a partir de nuestra experiencia, de nuestras vivencias, y es a partir de nuestra subjetividad, que podemos comprender dicho libro; Platón pone en boca de Sócrates, que al dejar por escrito las ideas, estas siempre dirían lo mismo a sus lectores, pero Borges, sugiere que el hombre y el libro no son estáticos como supone Platón, si no que “estamos cambiando continuamente y puede decirse que cada lectura de un libro, cada relectura, cada recuerdo de esa lectura en nuestra imaginación renueva el texto, el texto está cambiando continuamente, el texto es también (no sólo nosotros) el cambiante río de Heráclito[2].

Pero creo que el principal error contra el cual nos puede precaver, es la soberbia y el orgullo intelectual que nos produce un sentimiento de superioridad, que en realidad oculta un sentimiento de inferioridad, que buscamos llenar con ideologías y teorías prestadas. Veamos este error que consiste en dar primacía a las ideologías sobre la realidad: “Nuestra época dice, Alexis Carrell, es una época ideológica, en la que, en lugar de aprender de la realidad con todos sus datos, construyendo sobre ella, se intenta manipular la realidad ajustándola a la coherencia de un esquema prefabricado por la inteligencia”.[3]

Si bien es cierto, mis detractores dirán que ningún ser humano puede vivir sin una concepción del mundo que le sea útil para desarrollar su vida, ya que esto es una necesidad propia del hombre, yo diré que no considero un error poseer una concepción del mundo, creo que el problema surge cuando dicha concepción deja de ser un medio y se convierte en un fin en sí mismo. Las palabras, las teorías, ya sea filosóficas o científicas; religiones e ideologías, son necesarias para comprender y movernos en el mundo, pero debemos comprender que no pueden encerrar ni limitar la riqueza de la realidad, los hombres que han transformado el mundo, siempre han sido, aquellos que teniendo una concepción, han sido capaces de ver e ir más allá de ella. Cabe en este momento señalar las palabras de Mefistófeles dirigidas al doctor Fausto: “Gris amigo mío es toda teoría, y verde el árbol de la vida”.[4] Esta frase va dirigida al intelectual que encerrado en su gabinete, ha dedicado toda su vida a la búsqueda de la verdad en los libros; Mefistófeles, parece querer decirnos “El sentido de la vida, solo se puede hallar en la vida misma y no en los libros”, con ello propongo comprender los límites de toda teoría y devolver la primacía a la realidad, no propongo tomar medidas extremas como quemar nuestros libros o abandonar la vida universitaria; sino ser conscientes de este hecho y evitar sus consecuencias peligrosas.

Otro problema contra el cual debe prevenirse el intelectual, es lo que Platón denomina la vanidad que produce la falsa sabiduría, y que en la actualidad podemos denominar: el individualismo y sentimiento de superioridad del intelectual con respecto al pueblo y las mayorías. Frente a esta actitud caben tener en cuenta lo siguiente: “La palabra pueblo dice, Romano Guardini, no hace referencia a una masa o a algo inculto o primitivo que aún no ha desarrollado su vida psíquica, su mundo de valores y objetos. Todos estos sentidos proceden del pensamiento liberal, iluminista e individualista. “Pueblo” es la reunión originaria de aquellos hombres que por sus costumbres, su tierra y su desarrollo histórico forman una comunidad de vida y destino… Frente a él está el moderno intelectual, que no es pueblo desarrollado superiormente, espiritualizado, sino un producto negativo, una aparición desarraigada, unilateralizada y desvalorizada.”[5] Un intelectual no puede desligarse del pueblo, sino debe ser su voz, su expresión. El marxista italiano Antonio Gramsci defenderá la idea de un intelectual orgánico, el cual posee un grado de identificación con un determinado grupo social.

Otro prejuicio del cual deberían liberarse los intelectuales, es su prejuicio contra las mayorías, donde ven un reflejo de la masa. Alfonso Lopez Quintás nos dice que la masa no se constituye a partir del número de personas, sino a partir de las relaciones que establecen entre sí, un conjunto de individuos donde no se ha producido una relación de encuentro, de objetivos comunes, de reconocimiento del otro, es una masa; veamos: “El concepto de masa es cualitativo, no cuantitativo. Un millón de personas que se manifiestan en una plaza con un sentido bien definido y valioso no constituyen una masa, sino una comunidad, un pueblo. En cambio, dos personas, un hombre y una mujer- que comparten la vida en una casa pero no se hallan debidamente ensambladas forman una masa.”[6]

El individualismo y además el carácter apolítico, producto del desarraigo del intelectual, son denunciados por Mariategui, quien dice al respecto: “Los intelectuales son, generalmente, reacios a la disciplina, al programa y al sistema. Su psicología es individualista y su pensamiento es heterodoxo. En ellos, sobre todo, el sentimiento de la individualidad es excesivo y desbordante. La individualidad del intelectual se siente casi siempre superior a las reglas comunes. Es frecuente en fin, en los intelectuales el desdén por la política[7]. Veo en Mariátegui al intelectual con sensibilidad social, comprometido con la causa revolucionaria y la formación de un socialismo en el Perú; pero en Mariátegui nunca su visión de la realidad se cerró a los límites de una ideología, intuyó que no son las ideologías las que hacen a los hombres, sino los hombres los que hacen una ideología.
El fin de la vida intelectual lo constituyen la realidad, la vida y los demás seres humanos, la vida en comunidad; el fin del intelectual es comprender y llevar la realización del ser humano como un fin en sí mismo, que necesita desarrollarse libre y creativamente; de allí, la tarea de criticar y superar todas esas formas donde lo humano aparece como un medio; ya sea como un instrumento para la producción y el consumo, ya sea como un potencial buen ciudadano que se adapta al sistema o ya sea como una mercancía que tiene que ofertarse en el mercado. El presente escrito busca, redescubrir una vocación, aceptar dicha vocación, y vivir sus miserias y sus alegrías, plantear el problema de la misión del intelectual en nuestra época. Pero no buscamos poner fin a esta discusión, sino propiciarla, creemos sinceramente que quien asuma la vida intelectual deberá liberarse en primera instancia del intelectualismo o racionalismo, es decir, aquella actitud que nos lleva a pensar que la vida puede reducirse a los esquemas de nuestra razón, con ello deberá precaverse del culto a los libros, deberá a su vez manifestar una humildad intelectual, esta humildad es una condición necesaria para ejercer la actividad intelectual, ya que el saber humano siempre será finito y limitado pese a su gran extensión y profundidad, no importa cuánto conozcamos, siempre existirá una asimetría entre nuestro saber y nuestra ignorancia. Quien desee dedicarse a la vida intelectual deberá comprender este hecho paradójico, que encuentra en la figura de Sócrates su mejor expresión, es precisamente el reconocimiento de la ignorancia el verdadero punto de partida de toda actividad cognoscitiva. Esta humildad intelectual, nos llevará al predominio de la realidad sobre las ideologías, rechazando cualquier tipo de actitud dogmática y su contrapartida la actitud escéptica; esto a su vez nos llevará a reconocer que el intelectual no es un ser aislado, ni superior, ni el único dueño y portavoz de la verdad, sino un ser que pertenece a una comunidad, a un pueblo, a una determinada clase social, con la cual tiene un compromiso. Pero ello también nos debe devolver a la tierra, y liberarnos de supuestas imparcialidades o de poderes sobrehumanos que no poseemos; la vida intelectual, no nos hace seres superiores, no nos da privilegios, sino responsabilidades, tareas urgentes, sentimiento de impotencia, soledad, incomprensión, pocas amistades, y todo ello multiplicados por todos los problemas cotidianos de los demás mortales. La vida intelectual es un destino y una vocación.

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NOTAS:
[1] Fedro 274c-275c.
[2] Conferencia dada por Jorge Luis Borges el 13 de julio de 1977 en el Teatro Coliseo de Buenos Aires.
[3] GIUSSANI, Luigi. El sentido religioso. Fondo Editorial UCSS. Lima. 2005.
[4][4] Goethe. Fausto.
[5] GUARDINI, Romano. Sentido de la Iglesia. Ediciones DINOR. San Sebastián. 1958.
[6] LOPEZ QUINTAS, Alfonso. La manipulación del hombre a través del lenguaje. Edición electrónica.
[7] MARIATEGUI, José Carlos. La escena contemporánea. Amauta. Lima. 1971. p. 154.